Entre hilos y resistencia: la historia viva de las tejedoras de Hueyapan

Hueyapan, Morelos.- 13 de abril del 2026.- A las faldas del volcán Popocatépetl, donde el frío cala hasta los huesos y el tiempo parece avanzar más lento, existe una tradición que no se escribe en libros, sino en hilos: la de las tejedoras de telar de cintura de Hueyapan, Morelos.

Aquí, en este municipio indígena enclavado en la sierra, las manos de las mujeres cuentan historias que han sobrevivido siglos. Madres, abuelas e hijas han transmitido, generación tras generación, el conocimiento del telar de cintura, una técnica de origen prehispánico que sigue viva gracias a la resistencia cultural de la comunidad.

Todo comienza en casa. No hay fábricas ni maquinaria industrial. Solo un telar amarrado a la cintura y, muchas veces, a un árbol o poste. Ahí, sentadas en el suelo, las tejedoras entrelazan lana, paciencia y memoria para crear gabanes, rebozos y prendas que no solo abrigan del frío, sino que protegen una identidad.

Pero la historia no ha sido sencilla.

Hubo un tiempo, hace apenas dos décadas, en que el telar dejó de escucharse en Hueyapan. La tradición parecía desvanecerse ante la falta de mercado, el desinterés de las nuevas generaciones y la migración. Sin embargo, algunas mujeres se negaron a dejar morir lo que sus ancestras les enseñaron.

“Mi mamá nunca desistió”, recuerdan hoy las nuevas tejedoras, quienes crecieron viendo a sus mayores resistir cuando nadie más quería seguir tejiendo. Esa terquedad —convertida en legado— fue la chispa que encendió el renacimiento de esta práctica.

El camino tampoco estuvo libre de tragedias. El sismo del 19 de septiembre de 2017 golpeó con fuerza a Hueyapan, destruyendo casas, talleres y piezas que llevaban meses de trabajo. Muchas tejedoras lo perdieron todo en cuestión de segundos. Pero incluso entre escombros, el telar no se detuvo.

Hoy, la historia ha dado un giro inesperado.

Lo que alguna vez estuvo al borde de desaparecer, ahora ha llegado a pasarelas internacionales en ciudades como Nueva York, Madrid y París. Las tejedoras no solo recuperaron su técnica, también su orgullo.

Sus piezas, teñidas con pigmentos naturales obtenidos de plantas, insectos y minerales, reflejan un conocimiento ancestral que fusiona lo prehispánico con lo heredado tras la llegada de los españoles, como el uso de la lana de borrego.

Pero más allá del reconocimiento, lo que se teje en Hueyapan es algo más profundo.

Cada hilo es memoria. Cada prenda, una forma de resistencia. Cada telar, una declaración silenciosa de que la cultura no se vende ni se olvida: se defiende.

En Hueyapan, las mujeres no solo tejen ropa.

Tejen historia.

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